miércoles, 2 de mayo de 2012

FUNDAMENTOS TEOLÓGICOS


INTRODUCCION

Por medio del siguiente trabajo se pretende estudiar y analizar las ramas teológicas, su naturaleza, etimología, inicios y evolución hasta los tiempos actuales. Los pioneros de los primeros conceptos teológicos y como se ha ido enriqueciendo la información a través de experiencias directas con la palabra de Dios. Es por tanto que en el siguiente trabajo se tratara acerca de la teología sistemática, dogmática, practica o ética, la teología pastoral y por ultimo la litúrgica; tratando así de poder llegar a un análisis y conocimiento mas profundo a cerca de ellas, basándose en la palabra de Dios, ya que ningún otro libro puede dar una descripción tan clara, completa y perfecta de lo que es Dios, de sus exigencias, de sus propósitos y promesas y de su misma naturaleza.












                                                                     OBJETIVOS

ü  Entender y comprender lo que es la teología y todas sus derivadas.


ü  Analizar una a una las clases de teologías que hay.


ü  Describir las características fundamentales de la teología.


ü  Distinguir las diferencias que existen entre estas.


ü  Aplicar a la vida diaria cada uno de los conceptos teológicos que nos llevan a conocer más a de Dios.





TEOLOGÍA SISTEMÁTICA
Teología sistemática, es una disciplina de la teología cristiana, cuyo fin es formular una coherente, ordenada y racional presentación de la fe y creencias cristianas, inherentes a un sistema de pensamiento teológico que se desarrolla con un método, que puede aplicarse tanto en lo general y como en lo particular. Si bien una teología sistemática debe tener en cuenta los textos sagrados de su fe, también debe mirar a la historia, la filosofía, la ciencia, la ética. Clásicamente la teología sistemática se divide en la doctrina de la Palabra de Dios, la doctrina de Dios, la doctrina del Hombre, la doctrina de Cristo, la doctrina del Espíritu Santo, la doctrina de la Redención, la doctrina de la Iglesia y la doctrina del futuro.
La Teología Sistemática nos ayuda a percibir las verdades bíblicas con más claridad. Además nos permite presentarlas más convincentemente. Nos ayuda también a ver la proporción relativa de estas doctrinas, para que demos un énfasis mayor a las doctrinas más importantes.
Las presuposiciones necesarias para el estudio de la teología sistemática son las siguientes:
A. Se presupone que la lógica es un criterio válido para la evaluación de la verdad.  Se asume que la inconsistencia lógica indica que el sistema es falso por completo o en parte.
B. Se presupone que la Biblia contiene un sistema lógico de teología que puede ser descubierto a través de la aplicación de las reglas ordinarias de la hermenéutica y de la lógica.
Lo siguientes son algunos comentarios que presenta la biblia a cerca del estudio de la teología:
A. Pablo dijo que no había “rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.” De esto podemos concluir que el contenido completo del plan divino relacionado con la Redención es conocible y comunicable. Pablo asume en el contexto que los ancianos de Éfeso entendieron.  Que era su responsabilidad como ancianos alcanzar un entendimiento completo de ese plan.
B. El primer cosa que los Apóstoles enseñaron a sus convertidos fue la sana doctrina.
(Hch.2:42). 
C. Se nos advierte que evitemos a aquellos quienes enseñan lo contrario a la sana doctrina. (Ro.16:14)  Esto significa que debemos conocer cómo discernir la diferencia entre buena y mala doctrina.
D. Pablo describe a  un buen ministro como aquel que es “nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina”. (ITi.4:6)  De esta forma podemos concluir que es imposible ser un buen ministro del Evangelio sin ser un estudiante de la buena doctrina.
E. Pablo exhorta a Tito para que su conversación sea consistente con la sana doctrina. (Tit.2:1)
F. Se nos advierte que evitemos a aquellos quienes son llevados por todo viento de doctrinas
Populares. (Ef. 4:14)
G. Juan nos dice que debemos rechazar a aquellas personas religiosas quienes vienen  a nosotros sin la sana doctrina acerca de la persona de Jesucristo. (2Jn.9-10)6
H.  Judas nos exhorta a contender por la fe una vez dada a los santos (Judas 3-4)  La frase “la fe” se refiere a ese cuerpo de enseñanza en que consiste la cristiandad.  De esta forma Judas declara que existe un cuerpo de enseñanza por la cual debemos contender. Los que pervierten ese cuerpo de doctrina, especialmente los que asaltan la soberanía de Dios y su gracia son destinados para la condenación.

TEOLOGIA DOGMATICA O HISTORICA
En Teología la palabra "dogma" no siempre se ha usado en el mismo sentido. La literatura teológica del pasado a veces la emplea en un sentido muy amplio que equivale, prácticamente, a "doctrina". Pero cuando en esa misma literatura se habla con precisión acerca de los dogmas se refiere a ellos como afirmaciones o definiciones de doctrina, que el cuerpo de cristianos que los definió, considera como verdades inconmovibles, y por eso mismo revestidas con autoridad. Los Padres de la Iglesia Primitiva hablan de las verdades de la fe cristiana, llamándoles dogmas a medida que eran reconocidas en la Iglesia, y aplican también este término a las enseñanzas de los herejes. En la Edad Media se desarrolló por la Iglesia Católico romana un concepto de los dogmas un tanto más específico. Un dogma llegó a considerarse en esa iglesia como "una verdad revelada que de alguna manera ha sido definida por una autoridad docente • infalible, y como tal, propuesta a la aceptación de los fieles".  Tales verdades no necesariamente estarán reveladas en la Escritura, sino que también podrían revelarse en la tradición oral. Lo importante es que la iglesia declare que son reveladas y que con ese carácter las imponga sobre sí misma. Tal cosa equivale realmente a reposar sobre la autoridad de la iglesia. Los Reformadores y los teólogos protestantes, en general, rompieron con este concepto jerárquico, y consideraron que los dogmas son verdades divinas, reveladas claramente en la Palabra de Dios, formuladas por algún cuerpo eclesiástico competente, y de reconocida autoridad porque se derivan de la Palabra de Dios. Aunque los protestantes atribuyen a los dogmas mucha firmeza y estabilidad, nunca los consideraron, ni los consideran hoy como infalibles .A este respecto se produjo un cambio notable debido a Schleiermacher, que viró del concepto objetivo al subjetivo en relación con el origen de los dogmas. Puesto que Schleiermacher consideró que tenían su origen en la experiencia cristiana, vio en ellos las expresiones intelectuales, autorizadas por la iglesia, respecto al significado íntimo de las experiencias religiosas de la comunidad cristiana. La teología cristiana pretende ser más objetiva en su concepto de los dogmas, pero de hecho es igualmente subjetiva. Considera que los dogmas son afirmaciones científicas de la fe de la iglesia, es decir, no del contenido de esta fe sino de lo que en ella queda envuelto. En esta explicación de la fe, la fides qua creditur, se convierte en la fuente de los dogmas, y esta es precisamente tan subjetiva como la experiencia religiosa. En tanto que es del todo cierto que esta fe no surge sin la revelación divina, esto es también cierto de igual manera, respecto a la experiencia religiosa de la que habla Schleiermacher .En muchos círculos todavía prevalecen los conceptos que Schleiermacher y Ritschl tuvieron acerca de los dogmas Pero en la teología más reciente se está manifestando una nueva tendencia a reconocer su carácter objetivo. P. T. Forsyth, al cual menciona McConnachie llamándolo "un bartiano anterior a Barth," habla del dogma como "la revelación final de una definición en germen", y como "un acto de Dios expresado como acciones externas (políticas y canónicas) habiendo recibido la impresión de diferentes tendencias teológicas.  No todos los períodos de la historia han sido igualmente favorables para la reflexión requerida para la formación de los dogmas. Se necesita espiritualidad profunda, fervor religioso, sujeción voluntaria a la verdad tal como está revelada en la Palabra de Dios, una pasión consumidora por ganar una cada vez mayor penetración en la verdad con todas sus consecuencias, un estudio exegético diligente y habilidad constructiva. El frío racionalismo y el sentimental pietismo son, por igual, hostiles al dogma. Y en verdad, una época como la nuestra, en la que las especulaciones filosóficas y los análisis psicológicos han tomado en gran parte el lugar del estudio verdaderamente teológico, no se propicia para la construcción de dogmas teológicos. Se reconoce muy poco la suprema importancia de meditar sobre la verdad, según se encuentra revelada en la Palabra de Dios. De hecho hay una amplia y decidida oposición a la idea de que el hombre tiene que dirigir sus pensamientos sujetos a la obediencia de Cristo y que en la investigación de la verdad respecto a Dios y al hombre, el pecado y la redención, la vida y la muerte, debe el hombre fundamentar su pensamiento sobre la palabra de autoridad, la Palabra inspirada de Dios, más que sobre los descubrimientos de la falible razón humana. Los dogmas tienen que ser definidos oficialmente por algún cuerpo eclesiástico competente.

·         LOS  ELEMENTOS INCLUIDOS  EN  LOS  DOGMAS
Los dogmas cristianos incluyen varios elementos que son de gran importancia para la vida de la Iglesia. De éstos, merecen mención especial los tres siguientes:
1.    EL ELEMENTO SOCIAL. Los dogmas religiosos no son producto de individuos cristianos, sino de la Iglesia como un todo. Aunque originalmente la apropiación de la verdad revelada en la Biblia es personal, gradualmente toma un aspecto comunal y corporativo. Sólo en comunión con todos los santos pueden los creyentes entender la verdad y reproducirla confiadamente. La reflexión personal de cada cristiano gana de esta manera la ventaja de un control colectivo, y como es natural, se fortalece en gran manera la confianza que debe poseer en sus propios descubrimientos por el hecho de que otros millares aparte de él arriben a la misma conclusión. El carácter comunal o social que de esta manera requieren los dogmas no debe ser considerado como algo accidental y sólo de importancia relativa, sino que debiera tenerse como algo que es de importancia absoluta. Sin embargo, las opiniones personales, a pesar de lo verdaderas y valiosas que puedan ser, no constituyen dogmas cristianos. Algunos extremistas objetan al elemento social de los dogmas. Admiten la necesidad de escudriñar la verdad, pero opinan que el respeto personal propio debe impulsar a cada uno a decidir por sí lo que es la verdad.

2.    . EL ELEMENTO TRADICIONAL. Los dogmas contienen también un elemento tradicional. El cristianismo descansa sobre hechos históricos que llegan a nuestro conocimiento por medio de una revelación que fue dada y completada hace más de diecinueve siglos. Y el entendimiento y la interpretación correctos de estos hechos sólo puede resultar de continuas oraciones y meditación, del estudio y las luchas de la Iglesia de todos los siglos. Jamás puede un solo cristiano tener la esperanza de lograr asimilar y reproducir adecuadamente el contenido completo de la revelación divina. Y tampoco ha habido jamás una sola generación capaz de ejecutar la tarea. La formulación de los dogmas es la tarea de la Iglesia de todas las épocas, es tarea que requiere grande energía espiritual de parte de generaciones sucesivas. Y nos enseña la historia que, a pesar de las diferencias de opinión, y de prolongadas luchas, y pese aun a temporales regresiones, la comprensión que tiene la Iglesia de la verdad iba ganando gradualmente claridad y profundidad. Una verdad tras otra se, convirtieron en centro de atención y llegaron en turno a un mayor desarrollo. Los Credos históricos de la Iglesia incorporan actualmente en forma concreta los mejores resultados de las reflexiones y el estudio de los siglos pasados. Es a la vez deber y privilegio de la Iglesia de nuestro día entrar a la herencia de los años que se fueron y continuar la construcción sobre el fundamento que fue puesto. Sin embargo, los modernos teólogos amplitudistas tienen tendencia a romper con el pasado. Muchos de sus representantes, con frecuencia hacen mucho ruido con sus alabanzas a los Credos de la Iglesia, considerados como documentos históricos; pero se rehúsan a concederles valor doctrinal para el presente.

3.    EL ELEMENTO DE AUTORIDAD.  Cuando las Iglesias de la Reforma definen oficialmente sus doctrinas y las convierten, por tanto, en dogmas, declaran también implícitamente que descansan sobre la autoridad divina y que expresan la verdad. Y porque las iglesias consideran sus dogmas como formas concretas de la verdad revelada en la Palabra de Dios, estiman que merecen el reconocimiento general e insisten en tal reconocimiento dentro de sus propios círculos. La Iglesia Católico romana reclama absoluta infalibilidad para sus dogmas, en parte debido a que son verdades reveladas, pero de modo especial porque son propuestos para la fe de los fieles por medio de una iglesia infalible. Sus dogmas son absolutamente inmutables. El Concilio Vaticano declaró: “Si alguno afirma que es posible que algunas veces, de acuerdo con el progreso de la ciencia, tenga que darse a las doctrinas propuestas por la Iglesia un sentido diferente del que la Iglesia ha entendido y entiende: Sea anatema". Las iglesias protestantes no participan de este absolutismo En tanto que esperan que sus dogmas sean aceptados porque los consideran como formulaciones correctas de la verdad escrituraria, admiten la posibilidad de que la Iglesia se haya equivocado al definir la verdad. Y al descubrir que los dogmas son contrarios a la Palabra de Dios, dejan de gozar de autoridad .Precisamente este elemento de autoridad es el que encuentra mayor oposición en la actualidad. Católico romanos \ protestantes por igual reconocen ante todo que la religión es algo dado y determinado por Dios, y encuentran, por tanto, el fundamento de la autoridad en Dios. Según los primeros la autoridad básica se encuentra especialmente en la Iglesia, en cuanto a los últimos se halla en la Biblia. Ambos reconocen una regla objetiva de la verdad, regla que encuentra expresión en los dogmas de la Iglesia, la cual demanda sumisión, fe y obediencia
TEOLOGIA PRACTICA O ETICA
Esta se aplica  ala conducta de los hombres  es  igual  a ética y moral o valores humanos  es decir se ocupa de la aplicación de la verdad de la religión al corazón de los hombres.
Ha sido definida Como la teología de acción  es decir  la aplicación de la doctrina ala  vida practica  una de las vertientes mas importantes  es la teología  pastoral  que trata de la llamada “cura de almas”   y  tiene  que ver con la compleja  y múltiple  actividad  del pastor  o los pastores  que  apacientan el rebaño del señor
La sección moral o ética  no es menos importante  hoy  cuando las corrientes de la “nueva moral” o la  “moral de situación”  tratan de destruir los fundamentos bíblicos de la conducta cristiana.  vale decir que sin una solida base de teología  bíblica y teología sistemática, la reflexión ética adolecerá  de superficialidad  y será todo  voto abierto  a toda suerte  de incursiones exóticas  tal es el caso de mucho  secularismo  que ponen de  moda algunos teólogos ignorando la doctrina  bíblica de las realidades seculares
Asimismo  la experiencia que aporta la teología histórica no le viene  nada mal  ala teología practica y ética  puesto que evitarle muchos tropiezos innecesarios   un ejemplo elocuente  de  no prestar suficiente  atención  a esas especialidades  nos la ofrece mucho el catolicismo  progresista moderno el cual después de fustigar el clericalismo  esta  cayendo el en un nuevo clericalismo  cuya única diferencia con el antiguo es que a mudado de color.
TEOLOGIA PASTORAL
I.NATURALEZA.

1. Concepto. La T. p. es la parte de la Teología que estudia el desempeño de la función de cura de almas. Etimológicamente la denominación de «pastoral» deriva -por analogía- de la misión del pastor: este oficio -cuidado y crianza de la grey exige atención, entrega, vigilancia, aprecio; y desde muy antiguo se encuentra aplicado, de modo figurado, a quien ha de velar por la comunidad. También la S. E. emplea con frecuencia esta figura referida a Dios, y a los reyes y, en general, a los que gobierna Israel; los profetas también llaman pastor al Mesías esperado. Jesucristo gustó de acudir a la imagen del pastor en la predicación: parábola de la oveja perdida (Lc 15,1-10), descripción del juicio universal como una grey en que el pastor selecciona las ovejas de los cabritos (Mt 25,32-33), etc.; y especialmente en la alegoría del Buen Pastor, con la que reivindica para sí las profecías del A. T., y, por tanto, la misión suprema de apacentar a su pueblo. La transmisión del oficio pastoral a sus sucesores  y la utilización de este título por los Apóstoles (Ef 4,11; 1 Pedro 5,1-4) hizo que pasara al acervo común de la Iglesia para designar a aquellas personas que debían velar por la grey cristiana y conducirla hacia su último fin, según las indicaciones del Pastor Supremo. Así, pues, T. p. es la ciencia teológica de la cooperación ministerial de la Iglesia al plan divino de la salvación que nos ha sida revelado por Jesucristo.

Se puede distinguir -aunque no separar- entre la pastoral como tarea o actividad y la T. p. como disciplina sistematizada: la primera -entendida como la práctica misma de la misión pastoral- ha existido siempre en la Iglesia por mandato de Cristo; la T. p., como estudia sistemático de los diversos aspectos de la acción pastoral a la luz de la Revelación, es una ciencia teológica que se ha ido desarrollando al mismo tiempo que la vida de la Iglesia. La denominación de T. p. es relativamente reciente: el término lo utiliza S. Pedro Canisio por vez primera en el s. XVI y aparece coma disciplina aparte en los planes de estudio del s. XVIII; pera esto no quiere decir que en los tiempos anteriores no se haya hecho tal ciencia, sino sencillamente que no se ha cultivado de forma separada, y, por tanto, que era estudiada e incluida dentro de la Teología en general. Insistamos finalmente en que la distinción entre actividad pastoral y T. p. no debe ser forzada; la T. p. supone el conocimiento de la naturaleza de la Iglesia y de la historia de su ministerio pastoral a lo largo de los siglos; si no se puede hacer ciencia teológica de ningún tipo, si el teólogo no se adentra con su propia vida en la intimidad divina, no puede hacerse T. p. si no se recorre a la vez el camino de la acción pastoral. Esto explica quizá que durante tantos siglos no se hayan preocupado demasiado de distinguir la ciencia teológica pastoral de la Teología misma, y sobre todo de la vida, exigencias y labor de la pastoral de almas, y que, por tanto, haya tardado tanto en nacer la T. p. como disciplina aparte.

2. La Teología pastoral como ciencia. a. Determinación de su objeto y contenido. Es ésta una cuestión debatida en el s. XX como resultado de la evolución histórica de esta disciplina en la época moderna. En el s. XVIII, al ser constituida como disciplina autónoma en las escuelas austriacas, es concebida como un estudio de la praxis sacerdotal desde una perspectiva más bien jurídica y reglamentadora, de acuerdo con las tendencias legalistas del ambiente austriaco de aquella época. A finales del s. XVlII y principios del XIX se inicia una corriente que quiere vincular la T. p. a una eclesiología más precisa e integral. En esta línea se mueven diversos autores de la escuela de Tubinga, y especialmente, ya a mediados del s. XIX, Anton Graf, que propone una nueva estructuración de la T. p. que dejaría de estar centrada en el sacerdote y su ministerio para considerar a la Iglesia en su conjunto.

La idea de Graf ha tenido fuerte influencia en el desarrollo posterior de los estudios. Se entiende fácilmente, ya que tiene aspectos muy positivos: pone, en efecto, de relieve que todos los cristianos participan de la misión de la Iglesia y, por consiguiente, son responsables de la difusión de la verdad cristiana, etc. Presenta, no obstante -si no es muy bien matizada-, aspectos negativos. En primer lugar, al poner el acento en la Iglesia en su conjunto como sujeto de la pastoral, corre el riesgo de desdibujar la diversidad de funciones, y provocar un olvida práctico -o al menos una minusvaloración- de la distinción entre el sacerdocio ministerial y el común de los fieles, dando así lugar a actitudes que coartan la libertad que la Jerarquía debe tener en el ejercicio de sus funciones o que clericalizan la vida laical. En segundo lugar -yen parte en dependencia de lo anterior-, puede llevar a un desconocimiento práctico de la diversidad de carismas y vocaciones individuales, originando una tendencia a la uniformidad y una centralización que mata la espontaneidad del espíritu. Por todo ello nos parece que caben dos soluciones:
1) Concebir la T. p. como estudio de la actividad de toda la Iglesia, pero distinguiendo en ella una parte general, que estudiará algunos criterios generales (sentido de la fe y de la unidad, actitud de servicio, etc.), y que sería necesariamente muy breve, y diversas partes especiales, según los ministerios o funciones que se consideran.

2) Centrar la T. p. en el estudio de la actividad de los pastores en sentido estricto, es decir, aquellas que, junto con la consagración sacerdotal, han recibido el ministerio de la cura de almas. Esta segunda solución parece preferible, ya que, de una parte, las principios generales a que hemos hecho referencia son las consecuencias de una buena eclesiología y son por eso ya vistos en ese tratado; y, de otra, el adjetivo pastoral tiene en la tradición cristiana un significado preciso que no nos parece oportuno desvirtuar. Finalmente, el apostolado que realizan los fieles es tan variada -depende de las múltiples situaciones de familia, cultura, sociedad, profesión, etc. Que pretender someterlo a unas reglas resulta metodológicamente imposible, con lo que se oscilaría entre afirmaciones genéricas o la tendencia a una reglamentación excesiva que ahogaría la vida; es importante, repetimos, salvaguardar la legítima libertad personal con la que cada cristiano debe cumplir la misión apostólica a la que por el Bautismo está llamado.

En resumen, lo que hay de positivo en la idea de Graf debe ser recogido en la eclesiología y en la T. p. -ya que uno de los criterios que las pastores deben tener en el ejercicio de sus funciones es defender y promover el sentido activo de todo el pueblo de Dios-, pero no debe llevar a cambiar el objeto de la T. p., que, a nuestra juicio, debe continuar ocupándose de estudiar el desempeño de la función de cura de almas.

TEOLOGIA LITURGICA
I. Premisa terminológica
La liturgia, en el término y en su significado inmediato, parece distinguirse e incluso disociarse netamente de la teología, tomada en el sentido etimológico de la palabra, como tratado sobre Dios. Es lo que de ordinario se arguye a partir del simple análisis de los dos términos: el primero está totalmente en el plano de la acción (griego: leit-ourguía = obra-función hecha para el pueblo); el otro, por el contrario, se mueve total y exclusivamente en la línea del pensar/hablar con/de Dios (griego: theo-loguía).
El momento declaradamente operativo implícito en el término liturgia, de uso exclusivamente laico tanto en el mundo clásico griego como en el helenismo, se mantuvo incluso cuando la traducción griega (LXX) de la biblia indujo en él la evolución semántica que le quedaría para siempre como propia, y por la cual liturgia significará ya exclusivamente la acción ritual sagrada reservada al sacerdocio levítico'. [-> Liturgia, I].
Por otra parte, liturgia, aun conservando el sentido operativo original, entraba de hecho en el ámbito de la teología, porque, si ya toda acción sagrada ritual implica necesariamente por su misma naturaleza una relación de diálogo con Dios, esto es tanto más verdadero en la liturgia de la religión revelada del Antiguo Testamento, que por definición es la religión de la palabra de Dios.
Para Marsili, teología litúrgica no es la que se sirve del contenido teológico de las fórmulas y ritos para construir una teología de trasfondo litúrgico (como cuando se dice, por ejemplo: teología del Espíritu Santo en la liturgia). Mucho menos piensa que la teología se haga litúrgica cuando asume de la liturgia elementos que pueden ser aducidos como fundamento y como prueba de una cierta posición teológica. En efecto, en este caso la liturgia sería al máximo y en sentido más justo un testimonio de la fe de la iglesia en el ámbito espacio-temporal ocupado por la fórmula litúrgica tomada en examen.
Por tanto, según Marsili, teología litúrgica es la que hace su discurso sobre Dios a partir de la revelación vista en su naturaleza de fenómeno sacramental, en el que coinciden el acontecimiento de salvación y el rito litúrgico que lo representa. De este modo la teología litúrgica es necesariamente y ante todo teología de la economía divina, es decir, de la presencia y de la acción de Dios en el mundo, que quiere realizarse en el mundo como salvación eterna en dimensión antropológica. Esto aconteció proféticamente en el AT y acontece realmente en el NT, primero en Cristo, sacramento humano de Dios en la encarnación, después en los hombres, a los que Cristo se comunica a sí mismo, sacramento total de salvación, a través de sacramentos particulares y distintos.
La teología litúrgica es, en consecuencia, la theologia prima, necesaria e indispensable para que el discurso sobre Dios sea un discurso cristiano, es decir, recibido de Cristo por medio de la experiencia sacramental. En este sentido la teología litúrgica no excluye ninguna teología que sea reflexión humana sobre Dios, aunque nunca puede ser sustituida por ella.
La teología litúrgica es la única que concuerda naturalmente y se adecua del todo a una espiritualidad cristiana en el significado pleno y exclusivo del término. Es, pues, la teología de la que debe partir y a la que debe llevar cualquier catequesis o cualquier actividad pastoral.





CONCLUSION

Del anterior trabajo de puede concluir la importancia de los fundamentos teológicos, ya que es una de las principales materias de las ciencias teológicas; que nos ayudara a analizar las otras áreas con mayor claridad. También se puede añadir que es de mucho interés investigar y analizar más a profundidad a cerca de las ramas de la teología y llevarlo a la vida diaria con una aplicación integral.

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